Si hablamos de conseguir vivir a través desde la esencia, ¿a través de qué estamos viviendo?

La otra cara de la moneda, el ego, la máscara con la cual nos identificamos para tapar nuestras heridas emocionales de nacimiento, nuestros dolores sin conocimiento de las verdaderas causas, nuestros miedos y todo lo que nunca expresamos que se encuentra en el fondo de nuestro ser, la esencia.
Este personaje dentro de nuestra mente se alimenta a base de capas y capas de miedo, inseguridades, resentimiento, rencor, tristeza, odio, insatisfacción, frustración, y así un largo recorrido de palabras y emociones muy comunes.


Si la esencia es todo lo divino, la perfección en todo lo que existe, la aceptación, la comprensión, la felicidad desde dentro de ti hacia afuera, el amor, la alegría y el bienestar, el ego es todo lo contrario. 
El ego es la parte oscura, la sombra, la tapadera de la verdad, de nuestra luz.
Es parecer estar sentado tranquilamente mientras por dentro sentimos un vacío profundo de que algo nos falta, que hay algo mal en nosotros, sentir soledad, sentirse separado de la felicidad, buscar cualquier cosa que justifique nuestro malestar, pensando que la causa viene de algo externo, por ejemplo, algo que me ha hecho alguien, de creer no estar en el sitio correcto, de no tener lo que quiero, de seguir recordando el pasado como la época cuando era feliz, de que las cosas no salgan como las espero... viviendo en un estado de carencia.


Si había mencionado antes que la esencia se es, se siente, el ego también se es cuando estás identificado con él, pero no es divino. Son pensamientos, actitudes y reacciones subconscientes basado en nuestras creencias. Simplemente es un personaje mental para sobrevivir y protegerse del exterior. Te diría que está bien, ¿no? Si viviéramos en la edad de piedra, claro, y el único objetivo fuera sobrevivir. Pero no estamos en la edad de piedra, ya no nos interesa sobrevivir y vivir en peligro y alerta, hace mucho de eso. 


El principal objetivo de cada ser humano debería ser vivir, no sobrevivir, porque no estamos en una guerra, nadie nos persigue, esto no es un videojuego de temática shooter. 
Por eso seguimos viviendo desde el ego, porque vivimos con el concepto de acción-reacción, sin pensar lo que decimos, sin pensar lo que pensamos, seguimos pensando que otras personas quieren atacarnos por placer y porque nos odian (puede que sí, pero eso es asunto del otro) y nos ofendemos. 
Es aquí cuando sucede el conflicto con los demás, porque lo tenemos con nosotros mismos y no nos damos cuenta, de nuestro poco aprecio propio, nuestra poca autoestima y ponemos nuestro corazón, estado de ánimo, "amor" en manos de todos, careciendo de amor propio, buscando los restos de lo que me puedan dar los demás. 
No nos entendemos a nosotros mismos, de la misma forma que no entendemos a los demás; primero viene uno, luego sucede el otro. Es un trabajo y proceso duro, pero compensa. 


La aventura está en salir de esto, en aprender que al igual que yo tengo heridas emocionales y por eso no comprendo a los demás, no comprendo que sean como ellas son (con sus "defectos" y "virtudes", y lo pongo entre comillas porque son simples etiquetas subjetivas hacia nosotros y los demás), los demás también las tienen, al igual que yo. 
Cada ser humano ha nacido un día, tiene una familia, tutor/a, o no, que le ha educado, criado, guiado lo mejor que ha podido y ha sabido, al igual que la mía, exactamente igual, pero son otras personas, no son yo, simplemente eso.
Todo ese crecimiento desde bebé hasta la edad actual, cada persona la ha vivido de una forma, ha tenido condicionamientos, influencias de la sociedad, la cultura, la familia. En todo ese crecimiento adquieres una personalidad, con la que te identificas cada vez más, sin querer.
Todo es hacia , para , por mi, y los demás tienen que complacerme. Imagínate por un momento que todo el mundo hiciera eso. 

Era broma, ya lo hacemos. Sólo piensa, cada persona quiere eso que tú mismo quieres. Aquí entran todos los conflictos y peleas. Nuestros egos se pelean. 
Imagínate a ti sin esa máscara, sin el concepto integrado de acción-reacción. Con las heridas casi curadas, sin tener que reclamar amor, queriéndote a ti mismo y así a los demás, comprendiendo y aceptando la vida tal y como es. 
Ahí lo tienes.

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