La metáfora de la vida

Muchas veces me he preguntado si existirá algún momento cuando haya aprendido por completo todo acerca de la vida y la existencia. 
Luego me doy cuenta de lo inconsciente que sigo siendo y de que el aprendizaje no tiene un límite. Siempre se aprende de las circunstancias, de las personas y de uno mismo (por poner tres ejemplos, pero vaya, de absolutamente todo se aprende). 


Todo tiene un propósito de aprendizaje, cuando uno se da cuenta de eso empieza a sentir amor por la vida y no rechazar lo que se nos pueda presentar en el día a día.
Si supiéramos todo sobre la vida en sí, comprenderiamos al cien por cien todas las formas de vida y de pensar de todas las personas que hay en el mundo, pero las personas seguimos cambiando y a veces seguimos descubriendo facetas nuevas. Así que nada de justificarse diciendo que uno es de una forma, sólo que no te atreves a cambiar por el miedo a lo desconocido y eso es muy humano, está bien. Todo a su tiempo.


Todas las formas en el mundo son válidas y correctas a ojos de quien las acepta y comprende


Si no te interesa el cambio porque te aseguras el dolor y la incomodidad, entonces te alías con tu zona de seguridad. Pero calma, todo vendrá. Si no quieres cambiar, sucederá algún hecho impactante que no tengas más remedio que cambiar, forzosamente, que es como nos pasa a la mayoría, y llegues a un punto de tal incomodidad con tu propio aburrimiento, vacío existencial y malestar que no te quede otro remedio que decidir cuestionarte por qué estás sintiendo tan profundamente el sin sentido de tu vida.


No nacemos sabiendo esta información, tampoco se nos explica mientras crecemos, recibimos una educación limitante, pero es la que quien nos cuida conoce y cree correcta, según sus valores y principios. A pesar de eso, cada vez tenemos más facilidad para encontrar respuestas a nuestro sufrimiento





Había una vez una pequeña y grande luciérnaga que emitía a grande intensidad una luz blanca, como su propia biología naturalmente describe.
Esta luciérnaga había vivido durante bastantes años, tenía su familia, su entorno, su hábitat. Ésta siempre se había preguntado dentro de sí misma por qué las cosas eran como eran y sentía una gran curiosidad por conocer las cosas realmente, pero su miedo a lo desconocido le creaban una venda imaginaria que le tapaba esta verdad que poseía dentro para brillar más, lamentablemente o sin lamentarse, esto ella no lo sabía aún.
Una vez ella experimenta situaciones desagradables y dolorosas que la vida le depara, se convierte en una luciérnaga con luz más potente, brillante y limpia, pero la guardaba muy adentro, no había llegado el momento de que ella se diera cuenta. Se lamentaba y se lamentaba, "¡han apagado mi luz!" , sin saber ella que sólo esas situaciones la habían empoderado para brillar con más fuerza. Tiempo más tarde, llegó a tal sufrimiento que se le hizo insoportable, y empezó por cuestionarse y entrometerse en cualquier emoción y dolor que ella estaba experimentando. Ella sabía que no había venido a este mundo para experimentar sufrimiento y quedarse con él como forma de vida y como si no hubiera otra opción. Había venido a este mundo para comprenderse a ella misma y al mundo. Ahora ella, estaba dando luz a la verdad que siempre había guardado dentro: ser una investigadora en esencia, adentrarse en los orígenes de cualquier cosa que diéramos como verdad absoluta. 
No hubo marcha atrás, fue un camino tan mágico que la pequeña y gran luciérnaga estaba experimentando que se hizo consciente de la venda que siempre había estado llevando. Empezó a ser testigo y observadora de esta venda, en ese momento ella decidía si seguir llevándola o no, dejó de ser la víctima para convertirse en responsable de su vida.


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Véase la metáfora. Siempre hay algo mejor, búscalo, pero no afuera, sino en tu interior.

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