Nada que hacer, ningún lugar al que ir.

Tranquilidad es todo lo que sientes en este preciso momento.
 

Preciso momento el de ahora, porque es el único que existe. No importa lo que pasó, lo que pensaste, lo que hiciste, eso no es ahora. No importa lo que será, lo que crees que pasará, lo que podrá suceder, eso no es ahora. Ese momento sucedió y quedó vivido, luego pasó a otra vivencia, a otro preciso momento.
El preciso momento el de ahora, viviéndolo con máxima plenitud y consciencia, estando anclada en el lugar donde te encuentras, el aire que respiras, el ambiente en el que te rodeas, disfrutando de una alineación exquisita de tu cuerpo mente espíritu.

 
Miras las nubes y te recuerdan a tus pensamientos, esos que vienen y pasan sin más, porque decides darle la misma importancia que tú mismo le das a las nubes. Las miras, las ves pasar y ves que se van, sin más.
Enfocas tu visión hacia delante, dejando de lado las nubes del cielo. No las miras, pero ellas siguen ahí, pasando y haciendo su función natural en el cielo.

Decides valorar cualquier detalle que el universo te presente delante tuyo y que puedas observar, sin más, desde adentro, viéndolo como es en su esencia y no como tú eres.
Agradeces cualquier cosa que estés experimentando, porque cada cosa que pueda ser insignificante en el día a día le rodea grandeza y luz, admiras la esencia de ésto y lo valoras.
Valoras sentir eso, valoras observar eso, valoras aprender de eso, valoras vivir eso… Simplemente, valoras.

Agradecer, sin nada a cambio, agradecer desde adentro, desde tu esencia hacia la esencia del universo y de todo lo que le rodea.

 
No esperas nada de la vida, sin embargo, ella espera mucho de ti. Espera que valores todo lo bello de este mundo, espera que vivas toda y cada una de las cosas que son posibles, y en este mundo, la grandeza de la esencia interna es más valiosa que cualquier cosa que creas que no es posible.
Abrazas lo que no crees que es posible, lo negativo, porque sigue siendo bello. Abrazas y das calor, le das su espacio.

Abrazas el dolor, la perturbación, la tristeza, le das el tiempo que sea necesario para que éste se transforme en luz, en serenidad y aprendizaje.
Dices gracias, sin temor, sin nada a cambio, con toda la energía poderosa que la gratitud es.

 
Nada que hacer, ningún lugar al que ir.

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